jueves, 5 de abril de 2012

Los Educadores Sociales como Agentes Cívicos, portadores de la ley o transmisores de lo absurdo.



       Actualmente se están llevado a cabo en diversos municipios del territorio español, la contratación de educadores sociales a los cuales les denominan agentes cívicos. Estos tienen la función de ir a recriminar a las personas cuando les vean cometer infracciones, la gran mayoría reguladas en las ordenanzas de convivencia.
       Desglosando lo anterior nos adentraremos a explicar un poco que es una ordenanza de convivencia. Es una ordenanza de carácter municipal, encaminada a “ordenar” la vida en común de las personas, teóricamente para buscar una armonización entre todos y un bien común. Pero ahora nos enfrentamos a dos realidades muy diferentes, por un lado nos enfrentamos ante una restricción relativa los derechos de los ciudadanos, buscando una homogeneidad social; por otro lado, y no menos importante, tenemos el afán recaudatorio de estas medidas, ya que al asumir el ayuntamiento estas competencias, también asume el cobro de las sanciones, y por consiguiente elevar las arcas municipales. Obviando este último, nos centraremos en la restricción de derechos.
       Ahora es cuando nos preguntamos, ¿hasta donde esta el límite para que regulen la prácticas de nuestros derechos? ¿Pueden regular todo lo que se les antoje y de la forma que deseen? Creemos que no, y menos en un carácter impositivo y coercitivo.
      Lo primero que tenían que dar a conocer las autoridades es el artículo 7.2 de nuestro Código Civil, el cual debería regir las relaciones entre las personas. Este artículo indica en grandes rasgos la prohibición del abuso del derecho o el ejercicio antisocial del mismo, cuando sea perjudique a un tercero, es decir, nuestros derechos terminan cuando limitamos los de los terceros. Esta debería ser el pilar de la educación cívica el cual toda persona debería tener presente sus actuaciones dentro de la sociedad; y una vez interiorizado esto como norma social, seguramente que sobrarían leyes de carácter cívico y de convivencia, que terminan tornándose en criterios arbitrarios de utilización y manipulación política.
       Una vez desgranado brevemente que es una ordenanza de convivencia, nos adentraremos en la figura del educador social como agente cívico. Esta figura tiene la misión de recriminar a los ciudadanos las actuaciones que están en contra de esas ordenanzas. Ahora te preguntamos como educador social: ¿donde nos encontramos aquí la acción por la cual rige nuestra profesión, EDUCAR?  No somos la “vieja el visillo” de José Mota, ni el padre de nadie para recriminar a su hijo; entonces por qué se nos dota de un deber hacia las personas para decirles que deben hacer y no hacer. Desde la educación se debería poner en conocimiento a las personas la existencia de la ley, pero no tenemos el encargo profesional de que las personas la cumplan.
       Yendo un poco  más lejos y evocando a la crisis actual, no se desdobla esta función de velar por el cumplimiento de las normas y por consiguiente un gasto público doble que esto supone, existiendo otra figura de agente social, la Policía. Quizás lo que se debería tender es a una policía de carácter más social, la cual debería valorar cuando sancionar y cuando recriminar para evitar futuras infracciones; o quizás esa policía es la que en realidad tenemos pero los medios de comunicación, entre otros, nos venden más su carácter represor. Esta última pregunta la deberías reflexionar para sacar tus propias conclusiones.
Por último echar un vistazo a esta noticia, no tiene desperdicio.

miércoles, 4 de abril de 2012

Antes de que nos quedemos sordos


 
¿Es recomendable que Israel, a solas y por su cuenta, emprenda una guerra con Irán, una guerra cuyas consecuencias son imposibles de prever, con el único fin de evitar una situación futura que sería peligrosa, sin duda, pero que nadie puede estar seguro de que se vaya a producir? 

 

 

El nobel de Literatura alemán Günter Grass se opone, en forma de poema, a un posible ataque de Israel contra Irán


Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos

La Ola [Dennis Gansel ]


Un profesor (Rayner Benger) imparte un curso que dura una semana, el tema a tratar es “la autocracia”  para demostrar a sus alumnos cómo se llega a manipular a las masas,  cómo se crea una unidad colectiva donde prima el grupo sobre los individuos, cómo se crea una nueva identidad (un símbolo distintivo, un saludo propio, etc.) y los distintos aspectos que sirven para no hacer distinciones dentro del grupo, como por ejemplo, una vestimenta uniforme

Ambientada en una Alemania que vivió con el poder de la dictadura del Tercer Reich, produce diversas opiniones y en consecuencia distintas reacciones entre los alumnos. Pese a que estos, descartan totalmente la idea de que los movimientos totalitarios regresen a la actual Alemania, comenzarán a forjar uno sin darse cuenta. El profesor intenta llegar a los alumnos y para ello utiliza un método que en un principio resulta eficaz pero que arriesga la capacidad de decisión/elección de los alumnos, poniendo en duda su identidad, consiguiendo que se construya un “nosotros” en oposición a los “otros”. Para ello, pone en práctica las bases de la autocracia, hasta el punto en el que los alumnos se meten demasiado en el papel ,y crean una identidad basada en el poder mediante la disciplina, en el poder centrado en un líder construyendo así una identidad extremista(nacionalismo extremo).

Desde un punto de vista cultural podemos realizar una dicotomía en los aspectos relacionados por un lado con la identidad del alumnado y por otro la del docente. La identidad del alumnado quedaría dominada por la del profesor.

Esta película nos hace reflexionar sobre las relaciones de poderes  y sobre el poder en sí. Como con un buen discurso, sociedades enteras han sido hipnotizadas, creando para ello una identidad nacional dominante.

El educador social debe trabajar en la igualdad de estatus, esta igualdad incluye el derecho de ser diferentes  (¿Cuándo somos iguales a los otros? Cuando somos nosotros mismos. Lo contrario de igualdad es desigualdad y no diferencia).

martes, 3 de abril de 2012

POBREZAS

 
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres.


Eduardo Galeano.